viernes, 4 de mayo de 2012

Quien ama y quien quiere...

Dicen que en el amor siempre hay dos papeles que deben interpretar cada uno de los enamorados. El papel del que ama, y el papel del que quiere.
Quien ama siempre hace los mayores sacrificios, bajo el nombre de decisiones voluntarias, renuncia a gozos por disfrutar con su pareja. Quien ama siempre besa, siempre abraza. También acaricia y cuando es acariciado, siente más que una caricia, siente la comprensión del cónyuge, siente una fuerza que le ata a esa persona por la que decidió apostar. Quién ama, también sufre. No solo cuando la pareja discute, si no cuando siente que no todo transcurre a la perfección. Son esas personas capaces de sentirse frustradas si una sorpresa se demora, si una tarta no tiene una apariencia exquisita o si su presencia no parece agradar a su ser amado. Y cuando se convierte en costumbre no agradar a la persona que ama, cuando la relación se torna superficial y detecta que las miradas no están cargadas de fuego, se retira. Se aleja solitaria y deja que su amor marche en otra dirección, ¿Cómo puedo necesitar de su fidelidad y permanecer impasible al engaño de la rutina? Piensa. Siente seguridad en sí mismo, tanto que no le importa enseñar pequeñas muestras de debilidad a su pareja. Quien ama realmente no ama, necesita y necesita por la única razón de que ama.
El otro papel es el papel del "que quiere". Siempre toma las decisiones voluntarias, y a esas decisiones, las torna y las denomina sacrificios. No olvida tales ofrendas. Quien quiere, más que besar, junta sus labios con las de su pareja, y más que abrazar, rodea con sus brazos mientras coloca el suyo entre los de su pareja. Si es acariciado, acaricia y si acaricia, se siente, en su interior, capaz de tomar a su cónyuge, se siente, en definitiva, dominador. Sufre cuando la relación se aventura al ocaso, cuando no siente a su pareja en su mano y siente que puede alzar el vuelo. Cuando la pareja amenaza con romper, se apresura, aprovecha aquellos sentimientos guardados para buscar de nuevo un lugar de poder en la relación, para dominar, en definitiva. Quien quiere, realmente no quiere pues, en realidad, necesita.

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